Si vigila su línea, normalmente no se permitirá guisos demasiado calóricos. Y se sentirá culpable si se rinde ante una fondue, un plato en salsa...
Se plantean dos cuestiones:
1.¿Es posible consumir de vez en cuando un plato muy calórico cuando se desea perder peso o no ganarlo? ¿Cómo gestionar el resto de las comidas del día?
2.¿Es posible aligerar los platos considerados muy calóricos para ahorrarse grasas, es decir, calorías?
¿Qué es un plato muy calórico?
Consideramos que un plato es muy calórico si es más graso, es decir, más calórico que un plato considerado «ligero» o «bajo en calorías».
Por lo tanto, es útil definir ante todo el plato «ligero» de referencia. Este plato debe ser completo, para poder aportar:
- proteínas: carne, pescado, huevos, queso, leche, queso blanco... En caso contrario, debe completar su plato con un producto lácteo (queso o leche).
- glúcidos complejos: patatas, arroz, legumbres... En caso contrario debe completar su plato con pan,
- fibra: verdura cruda o cocida. En caso contrario, complete su plato con una verdura cruda, ensalada o fruta.
- lípidos para cocinar: aceite, mantequilla o nata... ¡salvo que el plato ya tenga una proporción importante de carne grasa o queso entero!
Ejemplo de un plato «ligero» completo: un filete a la parrilla (120 g) + medio plato de pasta (200 g peso cocido) + 10 g o una cucharada de aceite, mantequilla o salsa + 30 g de queso de gruyere rallado.
Este plato aporta aproximadamente 515 kcal, 40 g de proteínas, 23 g de lípidos, 37 g de glúcidos.
Ahora ya podemos comparar este plato «ligero» con los platos calóricos tradicionales y sus versiones «aligeradas» en calorías.
|